El Nuevo Orden Mundial impone su lenguaje progre-globalista

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El globalismo usa “eufemismos”, es decir, conceptos que maquillan, disimulan la brutalidad de sus objetivos, relacionados con el control demográfico, de la natalidad, y todo el veneno del marxismo posmoderno.


Por: Raul Tortolero
Escritor, conferencista. Consultor político. Doctorado en Derechos Humanos. Maestría en Filosofía, Cultura y Religión. Activista católico, provida y profamilia. Presidente de “Nueva Derecha Hispanoamericana”. Ex Secretario de Comunicación del Comité Ejecutivo Nacional del PAN. Premio Nacional de Periodismo 2007, otorgado por la ONU en México. Analista Geopolítico. Su más reciente libro: “La Contrarrevolución Cultural frente al marxismo posmoderno”.

 

Según el austriaco Ludwig Wittgenstein, filósofo del lenguaje, hay tres formas de pensar: en la mente, hablando y al escribir. Pero las tres involucran al lenguaje. Fuera de éste, no hay pensamiento posible. Lo que no puede ser enunciado, técnicamente no existe. Hay una relación estrecha entre lenguaje y ser. Cuando algo es dicho, puede ser pensado, está siendo pensado, y por tanto existe, al meno en tal nivel lingüístico. Si no puede ser dicho, ni escrito, no puede pensarse tampoco y queda fuera de nuestra percepción de lo que existe.

Partiendo de esta base, los regímenes totalitarios pueden intentar rasurar el lenguaje, para controlar a los habitantes, ocultando paulatinamente palabras que refieren a realidades que el Estado no puede controlar.

Esa es también la idea detrás de la “neolengua” planteada por George Orwell en su clásica novela 1984. Esta nueva versión del inglés –la neolengua– deja fuera muchas palabras del “old speak”, del viejo inglés –que no es otro sino el actual–, o a las actuales les reduce significados, con el objetivo de controlar el pensamiento de los ciudadanos.

Bien, pues el supremacismo progresista, siempre ocupado en el control de la población, y apuntando al Nuevo Orden Mundial (el mencionado por George Bush padre, en 1991, en el contexto de la invasión a Irak), sabe desde hace décadas que en la realidad no se puede “reducir” el lenguaje, pero lo que sí se puede hacer es, más bien, acuñar terminología nueva, para imponer y ocultar su agenda.

El globalismo usa para ello “eufemismos”, es decir, conceptos que maquillan, disimulan la brutalidad de sus objetivos, nada humanistas, relacionados con el control demográfico, de la natalidad, y todo el veneno del marxismo posmoderno: crear e intensificar conflictos entre mujeres y hombres, entre heterosexuales y homosexuales, entre negros y blancos, entre indígenas y blancos, entre eco-animalistas y familias naturales, y sobre todo, entre cristianos y anticristianos.

Así, se ha especializado en construir y difundir megamasivamente una serie de términos muy cargados semiológicamente de ideología de género y marxismo posmoderno. Lo hace a través de la ONU –de la OMS y otras agencias–, como mediante el Foro Económico Mundial (WEF, en inglés), el mainstream media, el Big Tech, y un sinfín de autores y educadores que sólo repiten lo que les imponen sin cuestionar. El no cuestionar las imposiciones de organizaciones metanacionales y globalistas es la base del pensamiento hegemónico.

Deber de los guerreros de nuestra contrarrevolución cultural es cuestionar todo lo que se enseña como un dogma desde el globalismo. Dogma sólo los de la religión. Fuera de ahí, nada es dogma aceptable y debe ser puesto en tela de juicio. ¿Quién votó por la Agenda 2030, por ejemplo? ¿Quién votó por “en el año 2030 no tendrás nada y serás feliz”? Absolutamente nadie. ¿Quién votó cuando la Corte Suprema de Estados Unidos, en 1973, o en México y Colombia, recientemente, se aprueba el aborto? Nadie.

Debemos deconstruir toda esta terminología globalista porque somos buscadores de la verdad. No podemos permitir que la verdad sea eclipsada con palabras que suenan bonito, pero que ocultan un crimen. Cuidado con la relativización de los valores.

A continuación un breve glosario de términos progresistas y la verdad que ocultan.

  • Agenda 2030: presentada por la ONU y no pocos gobiernos nacionales como el método para alcanzar el desarrollo y la felicidad social. Para las derechas se trata más bien de la deconstrucción de la cristiandad, de la promoción del aborto, y del supremacismo feminista, supremacismo LGBT, supremacismo eco-animalista, supremacismo indigenista; supremacismo negro. Es por supuesto también una clara promoción del globalismo y del Nuevo Orden Mundial.
  • Asistencialismo: para las izquierdas es una manera de aplicar la “redistribución de la riqueza” y con ello buscar la igualdad, la justicia social. Pero para la derecha se trata de egresos de dinero provenientes de nuestros impuestos, para mantener una base social electoral de izquierda.
  • Bandera arcoíris: las izquierdas pueden decir que cada uno de los colores representa una “preferencia sexual”, y juntos tales colores, simbolizan la pluralidad, la diversidad sexual. Pero desde la nueva derecha se puede decir que en esa “diversidad” no está considerada la heterosexualidad. ¿Cuál color representa a los heterosexuales? Por otro lado, no se trata realmente de un arcoíris. Es un falso arcoíris, porque sólo consta de seis colores, cuando el verdadero arcoíris es de siete, y representa a nivel religioso el pacto con Dios (Génesis). En la bandera del “arcoíris” se deja fuera el color azul celeste, que representa históricamente en la tradición, al cielo, a la Virgen María por su manto.
  • Bandera de la diversidad: otra forma de nombrar a la bandera del “arcoíris”. Mismos comentarios.
  • Calentamiento global: cuesta trabajo dudar que el planeta posiblemente se esté calentando poco a poco, porque muchos científicos así lo afirman. Hay quienes dudan también de éstos, por estar financiados por universidades o corporaciones globalistas, que los harían responder a ciertos intereses. Pero lo que algunos sectores específicos de las derechas ponen en tela de juicio es que tal calentamiento se deba totalmente sólo a causas humanas, se trate de la industria, de los autos y aviones, o de causas animales, como las teorías que aseguran que el principal elemento que contamina el medio ambiente es el excremento de las vacas. Según estas derechas, el tema del calentamiento global esta siendo usado como un pretexto para intentar una transición que va de la economía basada en combustibles, a una con nuevos dueños, basada en energías limpias. Es decir, un negocio de los ecologistas.
  • Derechos de la mujer: Nadie en su sano juicio podría negar que la mujer tenga los mismos derechos que el hombre, que todos los seres humanos gozan de los mismos derechos. Sólo que muy a menudo se usa la expresión “derecho de la mujer” para hacer referencia al aborto, lo cual es un eufemismo más del progresismo. Porque en realidad, el aborto no es un derecho humano. Existe el derecho a la vida.
  • Derecho de salud reproductiva: las mujeres tienen el derecho a la salud, a tener una familia y tener hijos, los hijos que deseen tener junto a su pareja, y esto tiene efectivamente que ver con la reproducción, es decir, justamente, con engendrar niños. Sin embargo, cada día es más común que se use tal expresión como un sinónimo del aborto, cuando éste es justo lo contrario a la reproducción, porque no se reproduce ningún ser.
  • Educación sexual: sin duda es importante que los adolescentes reciban educación sobre sus cuerpos en términos de biología, sobre todo. El enfoque religioso y moral toca mucho a la familia y en escuelas religiosas es impartida también. Pero otra cosa es el adoctrinamiento LGBT y la ideología de género inculcada a niños pequeños, porque no tiene un enfoque científico, y no respeta el derecho de los padres a fomentar ideas acordes a su pensamiento, a sus hijos.
  • Empoderamiento de la mujer: las mujeres tienen todos y los mismos derechos que los hombres, y eso ya está plasmado en todas las constituciones de Occidente (al menos desde 1948, con la Declaración Universal de los Derechos Humanos). El “empoderamiento” de la mujer ya depende de sus estudios, su esfuerzo, su trabajo, dedicación, y valores. No se puede “empoderar” por decreto. En realidad, esa expresión fomenta una competencia y hasta un conflicto entre mujeres y hombres. Y en todos los casos implica una asignación de cuota política obligatoria para mujeres con o sin trayectoria en encargos públicos.
  • Eutanasia: Hay quienes ante el dolor y la ausencia de posibilidades de sobrevivir quieren morir cuanto antes. Se puede entender esa situación de desgracia. Pero hay casos en que se quiere aplicar una suerte de “suicidio asistido” por causas no tan de peso, y en ese caso es algo poco ético, e incluso podría llegar a ser un abuso contra personas indefensas. Cada caso es distinto. Pero debemos defender la vida.
  • Feminicidio: existe un índice muy alto de asesinatos de mujeres. El hecho de que se asesinen más hombres que mujeres no le quita lo grave a que nuestras mujeres sufran homicidios. A todos nos duele. Sin embargo, el cuestionamiento desde las derechas está en que tales asesinatos ocurren por las mismas causas por las que se asesinaría a cualquier ser humano (celos, dinero, odio, venganza, etc.), por lo que cuesta trabajo tipificar un “feminicidio”. Técnicamente, todo asesinato de mujer es un “feminicidio”. Pero es complicado el criterio que atribuye la causa a que esa persona era una mujer (que se le asesina porque tiene cromosomas XX).
  • Feminismo: hay que distinguir entre las primeras olas del feminismo que buscaban que las mujeres pudieran votar, es decir, tener los mismos derechos que los hombres. Lo que vemos a partir de los feminismos nacidos a la luz de teorías marxistas posmodernas ya resulta en una suerte de impulso al rechazo de la mujer contra el hombre.
  • Homofobia: sin duda que muchos homosexuales han sufrido discriminación. Incluso han sufrido persecuciones, amenazas, golpes y asesinatos. Hay personas que los detestan y no les tienen respeto y tolerancia. Reprobamos esas actitudes. Sin embargo, hay una cierta manipulación del lenguaje en el invento del término “homofobia”, porque ya coloca al intolerante en la categoría de un desquiciado, de un enfermo mental, ya que toda fobia es un fuerte trastorno de la personalidad, no sólo un simple “miedo”. Además, en todo caso, no es lo mismo un miedo o rechazo, que un ataque. El término representa la psiquiatrización de alguien que rechaza ciertas actitudes de los homosexuales. ¿Sólo ciertas actitudes? Sí, porque no hay forma de saber que alguien es o no homosexual si esa persona actúa sin estereotipos. Un cajero del banco, un mesero o un abogado, pueden ser o no ser homosexuales y no podríamos saberlo a menos que esa persona lo manifieste de alguna manera.
  • Interrupción voluntaria del embarazo: un clásico eufemismo del progre-globalismo, que endulza algo y miente, porque sólo se interrumpe aquello que se va a reanudar luego. Todo esto para ocultar la brutalidad del aborto, un crimen contra un bebé en gestación.
  • Interseccionalidad: concepto que opera a modo de vaso comunicante entre los distintos victimismos de los que se vale el marxismo posmoderno para cobrar poder político y, por tanto, obtener prebendas, compensaciones y cuotas.
  • Justicia distributiva: un término muy bonito para ocultar una suerte de asalto estatal a los que ganan más para regalar dinero a quien apoye al gobierno, votando luego en agradecimiento por los cheques que recibe.
  • Lenguaje incluyente: destrucción del español en aras de homogeneizar la pluralidad de pensamiento. Esfuerzo inútil, porque no por cambiar el lenguaje, la gente ya queda incluida.
  • Libre desarrollo de la personalidad: bajo este argumento, considerado un derecho, puede ir alguien a “cambiarse el género” a un trámite de ventanilla para que el Estado le convalide su “predilección”. En algunos países, los menores de edad pueden ir acompañados de cualquier adulto (incluso si se llegara a tratar de un tratante de personas, de un pederasta).
  • Mansplaining: concepto anglófono según el cual cuando un hombre explica algo a una mujer, la está humillando, quiere hacerla sentir mal, no le da su lugar y busca hacerla menos.
  • Matrimonio igualitario: si dos homosexuales desean vivir juntos, es su problema. Incluso existe un reconocimiento para que puedan unirse legalmente, una unión civil. El problema es querer presentar esa unión civil de dos homosexuales como algo igual al matrimonio religioso. “Matrimonio” es un concepto de origen religioso, y en las religiones monoteístas esto significa la unión de un hombre y una mujer. Muchos izquierdistas hablan de “matrimonio igualitario”. ¿Por qué desean adueñarse de un concepto cristiano, si son ateos y marxistas?
  • Micromachismos: este concepto parece creado ex profeso para hacer pensar que todo lo que hace un hombre puede resultar en una agresión hacia una mujer, y que tiene por objeto esclavizarla, molestarla, cosificarla. Búsqueda del hombre acotado, hipersocializado.
  • Minor-attracted person (MAP): movimiento organizado de pederastas. Este debe ser el peor y más dañino de todos los eufemismos.
  • No binario: hay quienes creen que existen cerca de 130 géneros. Pero sexos biológicos sólo hay dos: mujer y hombre, definidos por sus genes, por el ADN. Así que un “no binario” es, técnicamente, alguien confundido en su identidad sexual.
  • Perspectiva de género: se trata de un eufemismo de “ideología de género”. Es un concepto que en los hechos abona a desunir a la familia, otorgándole un supremacismo a la mujer, poniéndola por encima de los demás integrantes de la familia, dividiendo.
  • Poliamoroso: una relación entre muchas personas es “poliamorosa”. Se alude en general al ámbito erótico para relaciones heterosexuales y homosexuales. Puede equivaler a una sexualidad desordenada y sin freno. Y a orgías.
  • Reasignación de sexo: A nivel de ADN, cromosomas y genes, esto es imposible. Por lo que debe ser entendido como una propuesta social asociada a un trámite administrativo y/o una operación quirúrgica separada de la realidad biológica.
  • Redistribución de la riqueza: forma elegante de referirse a que el Estado no pide, sino que toma (roba, se diría) dinero a quienes sí producen para mantener a quienes no producen nada.
  • Sexo servidora: forma maquillada de denominar a una prostituta. Lo trágico es que detrás de esta “diplomacia lingüística”, no va a desaparecer de forma automática el abuso sexual, el peligro para la mujer, que puede ser esclavizada, asesinada. Todo sigue igual pero con nombre diferente.
  • Teoría Crítica de la Raza (Critical Race Theory): nadie puede negar que ha existido y existe el racismo. Aunque no sólo de blancos contra negros. Eso sería mentir. Tampoco es verdad que todos en la raza blanca seas o hayan sido esclavistas, o bien, que todos en la raza negra hayan sido esclavos. Más bien, un cierto número de personas de diversas razas, ejercieron por desgracia la esclavización de otras personas, muchas de ellas negras. Pero esto no debe servir para juzgar en revancha a toda la raza blanca como maligna. Por ello la CRT es una suerte de patraña hermenéutica histórica que considera a todo hombre blanco un racista y esclavista, y a toda persona de raza negra, buena y víctima, y que, sobre todo, merece una compensación económica, política, educativa, social. En el fondo se traduce en los hechos en un racismo de negros contra blancos. Supremacismo negro, como el de Antifa y el de Black Lives Matter.
  • Transfobia: existen actos de agresión contra transexuales que no pueden ser admitidos. Una vez reprobado esto, hay que saber que el término expresa una “psiquiatrización”, una “patologización” de una persona que no acepta nombrar a un hombre como mujer, o a una mujer como hombre. Sobre todo cuando ahora se afirma que “los hombres pueden tener vagina y las mujeres pene”, y que no sólo las mujeres pueden embarazarse. El invento del concepto no ha acabado con la discriminación contra los transexuales, pero sí es una arremetida contra quienes no aprueben su estilo de vida, aún cuando lo respeten. Es una evolución del biopoder de Foucault, expresada en que el Estado crea instrumentos de control para acotar a los ciudadanos.

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